Cada día me alegro más de ser una de esas personas que no confían en nadie, porque a cada paso que des siempre alguien te falla. En este tiempo he aprendido que no ha todo el mundo se le puede llamar '
amigo' y que si te pones a contar las personas que de verdad están ahí y que nunca te han fallado, te das cuenta que las puedes contar con los dedos de una mano, y te sobran dedos. Ya que todo el que te sonríe no se le puede llamar '
amigo'.
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